Túnez: creación de un “Frente Popular”

Proyecto de programa político

A l`Encontre / Rebelión, 11 de octubre de 2012. Traducido para Rebelión por Carmen García Flores

La creación del “Frente popular” se anunció en una rueda de prensa, el miércoles 26 de septiembre de 2012,en Túnez. Doce partidos y organizaciones políticas, así como numerosas figuras independientes, han participado en este proceso. Los partidos y organizaciones políticas que firmaron este proyecto son: el Frente Popular Unionista, el Partido Popular para la Liberación y el Progreso, el Partido Patriótico Socialista Revolucionario (al-Watad), el Movimiento del Baath, el Movimiento de los Demócratas Socialistas, el Partido de la vVnguardia Árabe Democrática, el Partido de los Trabajadores, el Partido de la Lucha Progresista, el Partido de los Patriotas Demócratas Unidos, el Partido Túnez Verde y la Liga de la Izquierda Obrera. El sentido de este proceso político también debe situarse en el contexto de las artimañas antisociales actuales del gobierno y de sus “fuerzas de seguridad”. Por ello ya se publicaron aquí dos comunicados antes de la publicación del proyecto del programa político del “Frente Popular (Redacción del A l`Encontre).

Contra la represión

En un clima donde la represión política toma cierto vigor, la Coordinación nacional preparatoria del “Frente popular” ha publicado el 29 de septiembre de 2012 una “Declaración de apoyo a los habitantes de El Omrane”, cuyo contenido es el siguiente:

“Al igual que la mayor parte de las regiones marginadas de Túnez, la zona de Sidi Bouzid atraviesa por una situación socioeconómica precaria que ha sumido a los ciudadanos en una ola de protestas pacíficas y espontáneas contra la política de marginalidad y empobrecimiento de sus habitantes. Esta es la consecuencia directa de la aplicación por por parte del gobierno actual de unas políticas de desarrollo impopulares heredadas del presidente Ben Alí, que han excluido a numerosas regiones pobres de los programas de desarrollo económico.

El gobierno, que busca disuadir al pueblo de sus objetivos, no solo ha seguido aplicando las políticas que condujeron directamente a la revolución, sino que además ha adoptado los mismos métodos represivos en forma de redadas nocturnas, encarcelación, intimidación de los habitantes y arresto de los militantes. La localidad de El Omrane en Menzil bu Zeyene, ha sido testigo de estas medidas o fuerzas de represión, por las cuales se han llevado a cabo numerosas irrupciones en las casas de los habitantes. Se ha intimidado a jóvenes y a mayores y se ha procedido al arresto de un gran número de pobres en la región por hacer revueltas contra el deterioro de sus condiciones socioeconómicas. Hay que señalar que estos arrestos han sido también contra los jóvenes que demandaban empleo, contra los sindicalistas y los activistas políticos.

El Frente Popular se coloca del lado de los habitantes de El Omrane en su lucha pacífica y legítima contra las políticas de empobrecimiento y marginalidad. Y denuncia, igualmente el recurso sistemático a las soluciones de seguridad que ha adoptado hasta ahora el gobierno en reacción a todas estas reivindicaciones sociales y legítimas y hace los siguientes llamamientos:

Al cese de la represión que sufren los habitantes de El Omrane y otras regiones que protestan contra las políticas impopulares del gobierno.

La liberación incondicional de todos los que han sido arrestados.

La persecución de los que se han mezclado de manera hostil entre los habitantes, para intimidarlos, de los responsables de la represión y de los que han agredido a los habitantes de la región.

El Frente Popular hace un llamamiento, igualmente, a todos los militantes libres de nuestro país para que se sitúen al lado de los habitantes de El Omrane y de Sidi Bouzid, para apoyar a nuestro pueblo en su combate en favor de una vida decente. Llama a la sociedad civil -las partes políticas, las asociaciones y las personalidades nacionales- par hacer frente a estas políticas que van en contra de los derechos de nuestro pueblo. No a las soluciones que garantizan el enfrentamiento de las reivindicaciones legítimas del pueblo. Con vosotros construiremos el Frente Popular.

“¡No a la violación! ¡No a la violación política!”

En la noche del 3 al 4 de septiembre de 2012, una mujer fue violada en Ain Zaghouan, Túnez, por dos policías con la complicidad de un tercer policía que se encargaba de alejar a su compañero y de robarle el dinero. Durante una rueda de prensa el portavoz del Ministerio del Interior, Khaled Tarrouch, ha declarado que la víctima había sido sorprendida por los policías en una situación indecente, justificando así el crimen cometido por las fuerzas del orden. Un juez de instrucción también ha convocado a la víctima por “atentar contra el pudor”. Una llamada de solidaridad -que ha duplicado las iniciativas tomadas en Túnez- se ha lanzado en Francia:

“Nosotros, tunecinos y tunecinas en Francia, estamos profundamente dolidos e indignados por este acto de barbarie. Estamos indignados por el trato que se da a las víctimas de violación. Ni el Ministerio de los Derechos Humanos, ni el Ministerio de la Mujer han reflexionado sobre los derechos de la víctima, ni le han dado su apoyo moral o físico. Condenamos con virulencia la acusación contra la víctima, que ha comparecido el 26 de septiembre delante del a justicia por “atentar contra el pudor”.

Recordamos que el combate de las mujeres tunecinas por los derechos y la igualdad se inscriben en la lucha por la libertad y la dignidad la cual está dentro de los objetivos de la revolución. Denunciamos fuertemente las proposiciones misóginas del portavoz del Ministerio del Interior y la actitud del gobierno irresponsable y cómplice. Estamos determinados a combatir la utilización de la violación como arma para someter a las mujeres. Reafirmamos nuestra adhesión a los principios de la revolución tunecina contra la humillación, la miseria y la injusticia. ¡No a la violación, no a la violación política! Por una política y unas leyes que protejan a las mujeres víctimas de violación”.

Proyecto del programa político del Frente Popular

Durante decenios nuestro pueblo ha sufrido bajo un régimen despótico, policial, antipatriota y antipopular caracterizado por:

Políticamente, por el poder individual y la dominación del Partido Destourien -a través de sus diferentes versiones (el Neo-destour, el Partido Socialista Destourien, la Unión Constitucional y Democrática)- sobre todas las formas de la vida política, así como por la violación de las libertades y de los derechos humanos;

económicamente, por la hipoteca de la economía de nuestro país y de sus riquezas al provecho de esferas coloniales y de sus aliados: los capitalistas locales;

y socialmente, por la marginación de las clases populares, la pobreza, el paro y la corrupción. Estos males alcanzaron su cima durante el periodo de Ben Alí, especialmente por el poder de su familia, de sus colaboradores y de su mafia -política y económica- sobre todas las estructuras del Estado y de la sociedad.

El pueblo tunecino, por medio sus fuerzas revolucionarias patrióticas, democráticas y sociales no ha cesado jamás de luchar contra la dictadura y la opresión desde la llegada del régimen destouriano. Cuyo precio ha sido centenas de mártires y millares de prisioneros. Ha ganado combates heroicos, los más principales son: el movimiento de los campesinos pobres a finales de los años sesenta del siglo pasado; el movimiento de los estudiantes y de los jóvenes en febrero de 1972; las luchas de sindicalistas y de la clase obrera que ha sido coronada por la huelga general del 26 de enero de 1978; la sublevación de la cuenca minera de 2008. Se añaden a esto otros movimientos y luchas a nivel nacional, que han tenido lugar durante este periodo y que han tenido como objetivo el apoyo a Palestina, Irak, el Líbano y otros países árabes en su lucha contra la entidad sionista y las potencias imperialistas.

La acumulación de todas estas luchas dio como resultado la explosión de la Revolución del 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid, la cual ha permitido a las masas populares la destitución de Ben Alí -símbolo del despotismo, de la colaboración [con el imperialismo] y de la corrupción -el 14 de enero de 2011- al precio de centenares de mártires y de miles de heridos en las diversas regiones del país. El pueblo rebelde gritaba durante el levantamiento palabras que exigían la caída del régimen despótico, explotador y vendido [al extranjero] y su sustitución por un régimen de libertad y dignidad que asegure el empleo y la justicia social -objetivos con los que se ha soñado durante todos estos años de luchas-.

Al igual que nuestro pueblo ha podido hacer caer a Ben Alí y a sus herederos, los dos gobiernos de Ghannouchi, gracias a las luchas populares y en particular a las sentadas de la Kasbah I y Kasbah II , también ha podido realizar varios logros que han dado un margen de libertades públicas: la disolución del RCD [de Ben Alí], la disolución de las dos Cámaras, la de Diputados y la de Consejeros, la abolición de las leyes liberticidas (ley de partidos, ley de las asociaciones y el código de prensa…) la suspensión de la Constitución de 1959, la contribución a la reivindicación de una asamblea constitucional para la redacción de una nueva constitución. Sin embargo la mayor parte de los objetivos de la revolución, especialmente los relativos al dominio económico, social y patriótico no se han realizado bajo los gobiernos sucesivos, incluyendo el actual gobierno, elegido el 23 de octubre de 2011.

De las elecciones del 23 de octubre ha emanado una Asamblea Constituyente dominada por el gobierno de la Troika [coalición entre el Congreso por la República, Ettakatol y Ennahda], bajo el auspicio del movimiento de Ennahda. Hoy, después de ocho meses de la llegada de esta alianza al poder, parece claramente que se dirige rápidamente hacia la ocultación de los objetivos de la Revolución de nuestro pueblo y la preparación del terreno para el retorno de un régimen dependiente, despótico y corrupto, bajo el manto de la religión.

La unidad del pueblo tunecino está amenazada por las luchas doctrinarias artificiales, promovidas por fuerzas extranjeras a través de agentes locales que se esconden detrás de la religión. Las libertades conseguidas por el pueblo con el precio de su sangre, también están amenazadas por el gobierno y las bandas criminales, atribuidas a ciertas corrientes salafistas que actúan sin pudor.

Todavía no hemos alcanzado las reformas democráticas exigidas por la Revolución en el campo de la información, la justicia, la administración y las instituciones de seguridad sobre las cuales la dictadura se apoyaba para reprimir al pueblo y controlar a la sociedad. El gobierno vacila hasta hoy sobre el apoyo a los heridos de la Revolución y a la traducción en justicia de los asesinos de los mártires así como los símbolos de la opresión y de la corrupción, intentando sobre todo ganarlos para su causa y comprar su colaboración. Todavía sigue rechazando la redacción de una agenda clara para el periodo de transición, la fijación de las fechas oficiales para ultimar la redacción de la Constitución, la formación de una institución independiente para las elecciones, la elaboración de un código electoral y la organización de las próximas elecciones.

El movimiento Ennahda, que domina y dirige la alianza en le poder, se ocupa con la complicidad de sus dos compañeros, en meter la mano en las instituciones del Estado con el fin de utilizarlas, como antes hacía el RCD, para imponer su dictado e instrumentalizarlas, durante este periodo transitorio, para ganar las próximas elecciones e instaurar una nueva dictadura que liquide los logros de la Revolución y los logros históricos y civiles del pueblo tunecino en los diferentes dominios: sociales, culturales, educativos, y especialmente los de las mujeres.

En el plano económico, el gobierno de ninguna manera ha abandonado la política de Ben Alí que condujo al empobrecimiento del pueblo. Las riquezas del país continúan siendo acaparadas por unas minorías locales y extranjeras. El gobierno están todavía bajo el control de las instituciones financieras internacionales, con acuerdos y tratados injustos.

La privatización de la riqueza (minas, petróleo…) continúa igual que la de los establecimientos públicos, todo para el provecho del capital extranjero y sobre todo el del Golfo, incluidas las empresas confiscadas después de la Revolución. Y no han escatimado con las tierras tunecinas, cedidas a sociedades occidentales y del Golfo; lo que augura un nuevo colonialismo agrario a expensas de campesinos pobres, de pequeños campesinos y de obreros agrícolas. A lo que hay que añadir la incompetencia del gobierno en la gestión de los asuntos cotidianos, el caos administrativo y la hegemonía burocrática, lo que amenaza al país con un verdadero cataclismo.

El efecto desastroso de esta política en la vida de las clases y de los estratos obreros y populares, no ha dejado de acrecentarse bajo la forma de paro, marginalidad, el encarecimiento de la vida, una fiscalidad abusiva e injusta, la desigualdad regional, la degradación de los servicios (cortes de agua y electricidad, acumulación de basuras y escombros en todo el territorio nacional, deterioro de los servicios municipales e higiénicos…)

Aunque tales fenómenos fueran herencia del régimen depuesto y aunque hayan sido la causa de la revolución del pueblo, no cabe duda de que han aumentado bajo el actual gobierno, y de que nadie ha cambiado la política económica [la de sus predecesores] y no se han tomado las medidas urgentes que sirvan para limitar el efecto nocivo de estos fenómenos sobre la vida de los ciudadanos; sin hablar de su incompetencia en la gestión de los asuntos del país y la marginación de las competencias nacionales, sacrificando de esta manera la lógica de la afiliación partidaria a expensas del mérito, lo que no deja de ofrecer un terreno favorable al reforzamiento del sistema de la corrupción aún en vigor.

En cuanto a la política extranjera del gobierno, continúa siendo sumisa a los medios capitalistas internacionales. Está claro que se trata de integrar a Túnez en el eje Turquía-el Golfo bajo la dirección estadounidense. El objetivo de este eje es la liquidación de las luchas de masas árabes, la ruina de sus esperanzas en la liberación, el impulso de división en sus rangos y la dislocación de su unidad. Acabar con todas estas cosas es asegurar la permanencia de la dominación colonial estadounidense, occidental y sionista sobre la región.

Nuestro país vive actualmente una verdadera crisis de la que no se puede salir más que con la continuación de la lucha del pueblo tunecino, la lucha nacional, democrática, social, cultural y medioambiental por la realización completa de los objetivos de la Revolución y la instauración del poder del pueblo. Esto no será posible más que con la ruptura de la dispersión de las fuerzas revolucionarias, nacionales, democráticas y progresistas, y su alianza común ya sean partidos, asociaciones, organizaciones de jóvenes o de personalidades independientes en el seno de un frente popular que represente una alternativa para un verdadero gobierno y supere así la falsa dualidad que pretende oponer “dos polos”, que de hecho coinciden en el mantenimiento de las mismas orientaciones económicas, adquiridas de los medios liberales y sometidos a las esferas extranjeras, aunque uno se cubra bajo un manto “religioso” y el otro bajo un manto “modernista”, buscando así ocultar la verdadera contradicción entre las fuerzas vinculadas a la realización de los objetivos de la Revolución y las que tratan de liquidarlos.

Esta alternativa se funda sobre un programa político que representa el denominador común en el plano político y nacional de todas las fuerzas y los componentes nacionales y populares vinculados a la lucha por la realización de los objetivos de la Revolución y que trabajan para conseguirlo. Este programa está fundado sobre las elecciones, los principios y los valores siguientes:

La cuestión nacional y democrática

La edificación de un régimen republicano, civil y democrático, que esté al servicio del pueblo y que:

realice una independencia efectiva del país;

se funde sobre el principio de la soberanía del pueblo, la cual aparece en la elección de todos las instituciones del poder al nivel nacional, regional y local, con la posibilidad de controlarlos, de pedirles cuentas y, eventualmente, de destituirlos;

contar con la separación de los poderes y la necesidad de su equilibrio;

asegurar la independencia de la autoridad judicial según los criterios internacionalmente reconocidos;

garantizar la neutralidad del Estado en la igualdad de los partidos y de las fuerzas políticas así como su gestión democrática;

garantizar las libertades públicas e individuales, especialmente la libertad de pensamiento, de creación y de expresión, así como la de prensa, información y difusión; al igual que la libertad de organización, de circulación, de protestar, de manifestarse y el derecho a la huelga, garantizando también las condiciones materiales para su ejercicio;

llevar a cabo la igualdad total y efectiva entre el hombre y la mujer y reconocer la igualdad de cada uno en todos los dominios y los lugares y proteger los logros de la mujer; consolidar y promover el Código del Estatuto Personal y combatir todas las formas de discriminación y violencia psíquica y moral actuando en su contra;

establecer la separación entre la religión y la política y garantizar la libertad de conciencia y la libertad de culto y su práctica y combatir toda forma de instrumentalización política de la religión, de los lugares de culto, de las instituciones religiosas, educativas y culturales, así como las instituciones de trabajo social y su explotación para fines sectarios o partidistas;

llevar una política extranjera independiente y nacional que apoye a la resistencia nacional en Palestina, en Irak, en el Líbano, así como el apoyo a todos los movimientos de liberación nacional y de emancipación social en la patria árabe y en el mundo, al igual que la ayuda a las revoluciones árabes y la lucha contra toda intervención extranjera que las amenace, la criminalización de todas las formas de normalización de las relaciones con la entidad sionista y los movimientos racistas; trabajar para la realización de la unidad árabe sobre la base de principios de libertad, igualdad, dignidad democracia y justicia social.

La cuestión económica y social

La edificación de una economía nacional, independiente, equilibrada y coherente que garantice la soberanía del pueblo sobre las riquezas del país, asegure una aumento efectivo de todas las regiones y que se haga sobre una distribución justa de las riquezas de manera que satisfagan las necesidades fundamentales del pueblo en los dominios material y moral; lo que supone los procedimientos siguientes:

la revisión de los acuerdos prejudiciales a los intereses del país y a favor de su independencia;

la nacionalización de sectores estratégicos y la garantía de su gestión democrática y eficaz;

la nacionalización de empresas confiscadas y la prohibición de su cesión al capital extranjero;

la promoción de una industria nacional que se adecue a las necesidades del país, sus competencias y sus capacidades;

la anulación de la deuda sobre la base de un estudio minucioso de los préstamos hechos por la dictadura caída;

la instauración de un sistema fiscal justo y transparente;

una reforma agraria en provecho de los campesinos pobres y de los pequeños campesinos;

la garantía de los derechos fundamentales a un trabajo digno, a una vivienda decente, a la educación pública gratuita y de calidad, así como a unos cuidados gratuitos;

la garantía de la libertad sindical y del derecho a la huelga;

la garantía del derecho de todos los ciudadanos y de las generaciones futuras a un medio equilibrado y sano y a un medio ambiente favorable para la salud y exento de residuos, así como la lucha contra la polución y la concentración de esfuerzos sobre las energías renovables que no sean nocivas para los seres vivos.

La cuestión cultural y educativa

la garantía de la libertad de creación bajo todas las formas: artística, cultural, intelectual y científica así como la seguridad de todos los marcos y formas que les sean adecuados;

la instauración de una cultura nacional abierta a las otras culturas, que sean igualmente ventajosas para todos los ciudadanos sin descriminación de grupos o de regiones;

la garantía de las libertades académicas y la promoción de instituciones de investigación científica con la seguridad de su independencia;

la instauración de un sistema de enseñanza democrático, popular y unificado;

la garantía de la supremacía de la lengua árabe, su protección y su promoción, así como la garantía de su uso en la enseñanza, en el plano oficial y administrativo, abriéndose a otras lenguas;

Trabajar para el enraizamiento de nuestro pueblo en su identidad nacional la cual se ha formado a través de un proceso histórico largo y variado que se ha enriquecido y desarrollado continuamente en una interacción fructífera de sus claros elementos de la civilización árabe-islámica y de sus logros de progresos de la humanidad; el combate contra toda tentativa de replanteamiento de su pertenencia nacional, patriótica y de civilización, así como contra las formas de dominación cultural y de todo género de fanatismo y de intolerancia;

trabajar para la difusión de los valores de la razón, la Ilustración y el progreso, así como para la difusión de los valores de la ciudadanía y de los derechos humanos;

trabajar para superar el individualismo y promover los valores y las relaciones sociales de solidaridad en el seno del pueblo.

Los firmantes de este documento consideran que el principal objetivo del Frente es concluir el proceso revolucionario e instaurar el poder del pueblo a través de todas las formas de posibles de lucha, incluidas las elecciones. Afirman su disposición a reaccionar positivamente en todas las iniciativas nacionales y populares que estén de acuerdo con las orientaciones y la labor del Frente.

(26 de septiembre de 2012, traducido del árabe al francés por Amor Chemi)

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