Verano calamitoso, cambio climático y austeridad

Hacia un “Nueva Orleans” en Europa?

Daniel Tanuro, Viento Sur, 19 de julio de 2012

Los fenómenos meteorológicos extremos (sequias, olas de calor o frio, precipitaciones de lluvia abundantes y violentas, tempestades y ciclones) constituyen una de las manifestaciones esperadas del cambio climático. A nivel mundial, la frecuencia de estos fenómenos es cada ve más frecuente. Este año, con inundaciones graves en Japón, la ola de calor y la sequía en los EEUU (26 Estados declararon el estado de alerta) y un tiempo anormalmente frio y lluvioso sobre una buena parte de Europa, tras un invierno igualmente muy fríos, es una buena muestra de ello.

Aunque a nivel general la tendencia a la multiplicación de estos fenómenos esté en perfecta consonancia con las proyecciones del GIEC (Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre el cambio climático de la ONU ), hasta el presente era imposible decir si tal o cual acontecimiento en concreto se podía atribuir o no al calentamiento global. El sistema climático es extremadamente complejo y siempre son posibles desviaciones, algunas de ellas muy importantes, en relación a lo que se considera normal. Los clima-escépticos se aferran a este hecho para banalizar dichos fenómenos y quedarse tranquilos. No son los únicos; los gobiernos también se aplican al mismo criterio para evadir sus responsabilidad y escamotear las responsabilidades del lobby de las energías fósiles.

Puede que esta situación comience a cambiar gracias a sistemas de simulación muy potentes. La Oficina Meteorológico del Reino Unido (MET Office) y la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera de los EEUU (NOAA) han llegado a demostrar que determinados fenómenos extremos de estos últimos años están más que probablemente vinculados al calentamiento global. Por ejemplo, el que ocurrió en Gran Bretaña en noviembre de 2011 (el secundo más caluroso desde que se anotan los datos en este país, 1969). Las posibilidad de que fuera debido más al calentamiento global que a una oscilación natural del sistema climático son de sesenta a una. En el caso de la sequía que azotó a Tejas en 2011, esta relación es de veinte a una. Por el contrario, los investigadores estiman que el invierno que hizo tiritar a Europa en 2010-2011 entra en el margen de las oscilaciones meteorológicas normales, y que las inundaciones sufridas por Tailandia en 2011 se explican por una mala gestión de los cursos fluviales.

En lo que concierne al calamitoso verano que afecta actualmente a buena parte de Europa, es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas. Parece que se debe a que el jet stream (vientos a grandes alturas) sobre el Atlántico se encuentra a un nivel más bajo de lo habitual en esta período del año. Este fenómeno podría explicar tanto la ola de calor en los EEUU como la bajas temperaturas y la lluvia a este lado del Atlántico. Algunos investigadores estiman que esta posición anormal del jet stream durante el verano podría deberse al derretimiento de los glaciares en el Ártico que perturbaría el sistema de vientos en esta región. Si fuera el caso, veranos como el actual podrían repetirse…. Pero, por el momento, no es más que una hipótesis.

Mientras tanto, las inundaciones en Gran Bretaña muestran, una vez más, que los efectos del cambio climático no se limitan a los países del Sur, aunque sean ellos los más amenazados. Muestran también la irresponsabilidad de los gobiernos. En El imposible capitalismo verde http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article3569 planteé que Gran Bretaña podría ser el ejemplo de que una catástrofe parecida a la de Nueva Orleans también podría ocurrir en Europa. No hemos llegado a ese punto, pero la amenaza es real. En el libro citaba el informe Future Flooding, escrito en 2004 por la Office of Sciencia ant Technology, que estimaba en 2,6 y 3,6 millones de personas la gente amenazada por las crecientes inundaciones que podría provocar el cambio climático de aquí al 2080 (más de 700.000, expuestas a los riesgos de inundaciones urbanas a causa de lluvias torrenciales). Estas cifras deberían llevar a la conclusión de la necesidad de reforzar el sistema de diques, pero el gobierno no lo hace. Al contrario, en el marco de su programa neoliberal de recortes presupuestarios drásticos, el equipo del primer ministro David Cameron ha reducido las inversiones en ese sector.

Según el Guardian (14/07/2012), 294 proyectos para el reforzamiento de diques que deberían de haber comenzado en 2010 fueron abandonados porque no se concedieron las financiaciones previstas. A pesar de que el gobierno estaba sobre aviso: en 2007, tras unas devastadoras inundaciones, un informe oficial (the Pitt Review) concluía que los gastos contra las inundaciones costeras y fluviales deberían incrementarse cada año. Y, efectivamente, entre 2007 y 2010 se incrementaros un 33 pero%… pero desde que Cameron llegó al nº 10 de Downing Street, las inversiones han disminuido en un 25%. Durante las negociaciones de los “recortes presupuestarios”, la secretaria de Estado para el Medioambiente, Caroline Spelman, hizo prueba de un celo notable proponiendo que los recursos de su departamento fueran reducidos en un 33%.

Una buena parte de esos recortes recayó sobre el estratégico sector de los diques. Para compensar esta situación, Caroline Spelman apostó por la participación de la empresa privada en las inversiones a través de la cooperación público-privada que, sobre todo, asociaba a… promotores inmobiliarios, siempre ávidos de terrenos edificables, aunque sea en zonas con riesgo de inundación. En todo caso, esta Alianza Público-Privada no ha proporcionado más que 2,7 millones de libras, lo que es una cifra irrisoria.

Estas últimas semanas se han inundado miles de casas en Gran Bretaña. Los desperfectos se cifran en millones de libras. Las compañías de seguros están lejos de poder cubrirlas integralmente. La gente modesta es la más afectada porque son quienes habitan las zonas expuestas y no tienen medios para contratar un seguro complementario. Evidentemente, el Gobierno invoca la mala suerte de un verano calamitoso. Pero cuando el nivel del agua sube como fruto del incremento de las emisiones de gas de efecto invernadero (porque el lobby energético no quiere reducir sus beneficios) y los presupuestos se recortan (porque el dinero público se dedica a compensar las pérdidas financieras), no es a la “naturaleza” a quien hay que echar la culpa, sino al capitalismo.

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