Dossier. Elecciones en Egipto

Mostafa Ali y Larbi Sadiki, Dossiê Sin Permiso, 24 de junio de 2012

Miles de personas esperaban desde el martes, concentradas en Tahrir y las plazas de las principales ciudades egipcias, el recuento final de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que ha enfrentado al candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Morsi, y al último primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq. En esta larga espera, la Junta militar ha dado de hecho un golpe constitucional, que disuelve la Cámara baja –donde el Partido Libertad y Justicia, islamista, había obtenido una amplia mayoría- y limita los poderes del primer presidente elegido democráticamente en Egipto, situándolo bajo la tutela permanente de los militares.

Cuando se ha anunciado la victoria de Morsi, con el 51% de los votos El Cairo ha estallado en una fiesta, en la creencia de que se abre definitivamente la era post-Mubarak. Pero las clases dominantes egipcias, a través de la Junta militar, están dispuestas a que la democracia se parezca lo mas posible al régimen anterior. Y queda por delante un duro pulso sobre la redacción de la nueva Constitución, en el que esperemos que las fuerzas en liza no sean solamente los herederos de Mubarak y los islamistas, sino que aparezca esa tercera fuerza, la izquierda, que tanto ha contribuido al proceso de Tahrir.

Hemos seleccionado dos artículos, de Larbi Sadiki y Mostafa Ali, que reflejan bien los dilemas de la revolución y de la izquierda egipcias. Comite de Redaccion de Sin Permiso.

Último toque de atención: ¿quién escribirá la historia de Egipto, la revolución o la contrarrevolución?

Mostafa Ali

Algunos revolucionarios en Egipto cometen el error de llamar ‘fascistas’ a una vacilante Hermandad, repitiendo así errores políticos mortales que provocaron la trágica derrota de las revoluciones en Alemania y Chile.

Millones de personas en Egipto, que han apoyado la revolución del 25 de enero, han saboreado en el último año momentos de esperanza de gran valor para el futuro de un país que ha sido devastado durante décadas por la codicia de un pequeño grupo de capitalistas y una camarilla de políticos corruptos hasta el tuétano. Y lo que tal vez es más importante aún, la gente común que ha sido víctima de la pobreza, la ignorancia, la enfermedad durante tanto tiempo por culpa de este sistema podrido han vuelto a descubrir su potencial humano en los últimos 16 meses de una manera que nunca soñó.

Las masas de pobres han luchado con denuedo durante meses en todas partes, exigiendo salarios dignos, una sanidad decente, algo de pan, e incluso algo de aceite de cocina para alimentar a sus hijos crónicamente semi-hambrientos.

Lucharon estas batallas contra una banda de egoístas y codiciosos empresarios y sus lacayos políticos que atesoraban villas y mansiones, coches de lujo y aviones privados: una riqueza incalculable arrancada en primera y última instancia del sudor de quienes hacen funcionar los autobuses en la capital, los que trabajan en los barcos de un Canal de Suez que genera miles de millones en beneficios y millones de personas que luchan día a día para sobrevivir a la negligencia, el abandono y la degradación de su humanidad.

Son ellos los que han contribuido miles de mártires y heridos durante los 18 días de la sublevación contra el dictador, un dictador que sigue siendo tratado como un emperador en un hospital de lujo, mientras ellos ofrecían más y más mártires en los meses que siguieron a manos de las mismas fuerzas de seguridad represivas que se burló de todos nosotros durante generaciones.

Por desgracia, las masas que constituyen un ejemplo para el resto de los oprimidos en todo el mundo árabe de como luchar por el pan y las rosas en contra de la clase opresora aún no han sido capaces de lograr ni siquiera una hogaza de pan sin tener que humillarse ni de respirar todo el aroma de la libertad, ya que sólo han recorrido la mitad del camino para alcanzar su revolución.

En la historia, quienes hicieron a medias una revolución, aquellos que se levantaron con valentía contra sus opresores, pero fracasaron a la hora de construir un nuevo sistema social basado en la expropiación política y económica de los tiranos y la formación de nuevas estructuras de poder igualitarias, pagaron un alto precio.

En más de una ocasión en la historia de las revoluciones, las clases dirigentes, por muy desprestigiadas que estuvieran, si las masas no acababan con su poder y se les permitía conspirar en la sombra, siempre terminaban por encontrar los medios para recuperar su poder económico, político y represivo y volver al primer plano para cortar las cabezas de quienes se atrevieron a cuestionar su inmerecida riqueza y exigir libertad y democracia.

En 1973, las clases dominantes de Chile llevaron a cabo un sangriento golpe de estado militar y masacraron a trabajadores y los pobres en ese país de América del sur, estableciendo una dictadura militar semi-fascista que duró 20 años, porque las masas no llevaron a terminó su revolución.

En 1933, el partido nazi en Alemania llegó al poder e hizo pagar un precio humano impensable a millones de trabajadores y judíos porque los oprimidos no fueron capaces de crear una alternativa al decrépito sistema.

Hoy en día, la revolución egipcia se enfrenta a un peligro que por desgracia es muy similar al que se enfrentaron las revolución de Chile y de Alemania.

Las masas tenían todas las posibilidades de ganar la guerra contra la explotación de la élite, tanto en Chile como en Alemania los errores políticos, estratégicos y tácticos, de las fuerzas revolucionarias fueron tantos, que terminaron por ser fatales.

En el caso de Chile, las ilusiones de sectores de las masas y de los grupos revolucionarios organizados sobre la neutralidad de los generales de las fuerzas armadas, desorientaron a muchos en el bando pro-revolucionario en los 3 años del proceso revolucionario, al impedirles comprender quién acabaría salvando a la clase dominante.

Estas ilusiones permitieron al general Pinochet detener a 30.000 revolucionarios, activistas y sindicalistas y matarlos en un estadio de fútbol al comienzo de un sangriento golpe de estado que destruyó la revolución y dio paso a dos décadas siniestras en la historia de Chile.

En Alemania, las fuerzas revolucionarias y de la izquierda reformista, que tenían el apoyo de los dos tercios de la población – el Partido Comunista y el Partido Socialdemócrata – subestimaron gravemente el peligro que Hitler representaba para el futuro de la democracia, para no hablar en relación con cualquier esperanza de un cambio social más radical .

El PC y el SPD, que contaban con un apoyo de masas de cerca del 65% entre la población, fueron incapaces de formar un frente único contra Hitler en los meses que precedieron a su victoria en las elecciones de 1933 con un 35%.

Dirigidos por Stalin desde Moscú, los comunistas priorizaron sus estrechos intereses sectarios en su lucha contra los socialdemócratas a los intereses generales e inmediatos de la revolución.

El PC dejo que su odio ciego a los socialdemócratas y su resentimiento por las viejas traiciones de estos a la revolución (con consecuencias terribles y que se remontaban a 1914) los llevara a caracterizar a los vacilantes socialdemócratas como “social-fascistas” – lo que equivalía a meterlos en el mismo saco que a los auténticos fascistas de Hitler – y a negarse, fatalmente, a luchar coco con codo con los socialdemócratas para detener a Hitler.

Por desgracia, como la izquierda siguió dividida, los auténticos fascistas ganaron las elecciones: rápidamente destruyeron tanto la base masas del Partido Comunista como la del Partido Socialdemócrata; acabaron con todos los sindicatos y las organizaciones e instituciones democráticas; exterminaron a millones de judíos y gentes de otros grupos oprimidos, reemplazando el fantasma de la revolución que obsesionaba a las clases dominantes por el espectro del fascismo, que destruyó la democracia y cualquier esperanza revolucionaria para las generaciones futuras.

Estas lecciones históricas de que errores no repetir cuando las revoluciones se enfrentan al peligro inminente de un golpe de estado contrarrevolucionario, tienen una importancia fundamental para todos los revolucionarios en Egipto en estos momentos decisivos.

Por desgracia, algunas fuerzas pro-revolucionarias caracterizan a una organización políticamente conservadora y vacilante como los Hermanos Musulmanes, que han traicionado los objetivos de la revolución en más de una ocasión en el pasado (y sin duda lo volverán a hacer en el futuro) como fascistas religiosos y, de esta manera, estas fuerzas pro-revolucionarias equiparan a una fuerza comprometida por su oportunismo con el antiguo régimen y al actual régimen que busca aniquilar a la revolución en su conjunto.

En consecuencia, esas fuerzas pro-revolucionarias, que combinan un análisis erróneo con un odio ciego a la Hermandad, ingenuamente consideran el enfrentamiento actual como una lucha entre dos males equivalentes, en la que los revolucionarios no deben intervenir.

En el mismo momento en el que las verdaderas fuerzas del mal afilan su daga para apuñalar a toda la revolución y no sólo a la Hermandad, algunos revolucionarios, cuya participación es imprescindible, se niegan a sumarse a los miles y miles de personas que han salido a las calles, incluidos los islamistas y revolucionarios seculares, para hacer frente al espectro real de una victoria contrarrevolucionaria completa y total.

Hay una gran diferencia entre la actual situación en Egipto y las experiencias chilena y alemana. Los que murieron y fueron enterrados en las fosas comunes en Santiago o en los campos de concentración alemanes nos han dejado un gran ejemplo de coraje, pero, por desgracia, no puede volver para corregir sus errores y reescribir el final sangriento de su historia. Sin embargo, los revolucionarios y las masas en Egipto todavía tiene una oportunidad (y una muy fuerte como puso de manifiesto la reserva de apoyo a la revolución que se manifestó en forma de voto mayoritario contra el viejo orden en las elecciones presidenciales) para hacer frente a esta cada vez más cercana, ganar esta batalla de vida o muerte, y respirar un día más, preparándose para los grandes combates que se avecinan, y escribir nuestra propia historia.

El escritor Fahmy Howeidy, ha expresado mejor que nadie la necesidad histórica de que quienes realmente creen en esta revolución no cometan un error fatal en este momento tenebroso. En su columna del diario El-Shrouk, titulada “Por la revolución, no por la Hermandad”, escribe: “Reconozco que hay algunas personas que están obsesionadas con destruir la Hermandad y ajustar cuentas con ella a cualquier precio, y, por esta razón, podrían ayudar con su actitud a un retroceso o a la derrota de la revolución. No tengo nada que decir a esas personas, porque su lucha no tiene que ver con nuestra nación o su destino. Escribo sólo para los que todavía tienen la suficiente perspectiva como para permitirles amar a la nación más de lo que odian a la Hermandad”.

Mostafa Ali es columnista de Ahram On Line y miembro de los Socialistas Revolucionarios de Egipto.

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Gustavo Buste

http://english.ahram.org.eg/News/45847.aspx

 

Egipto entre las elecciones presidenciales y el CSFA

Larbi Sadiki

Al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) puede haberle salido el tiro por la culata.

Mientras Egipto y los egipcios recuperaban su soberanía popular, mediante una gloriosa revolución, el CSFA ha estado planeando, aparentemente, un juego muy diferente: frenar la ola revolucionaria y la democratización en ciernes y usurpar la administración del poder. Este capítulo de la revolución egipcia requerirá un escrutinio histórico más detallado.

En tres días, el CSFA ha cometido dos errores graves: el 14 de junio, promover un golpe de estado judicial (la disolución de la Cámara de Diputados sobre la base de la inconstitucionalidad de la Ley Orgánica Electoral y la Ley de Aislamiento Político), seguido de un golpe de estado constitucional (con la promulgación de enmiendas no democráticas a la constitución interina). El mariscal de campo y sus acólitos pueden haber superado todos los límites en la manipulación de la ley para justificar sus actuaciones ilegales.

En principio, el CSFA, al otorgar la constitución interina, ha dejado sin efecto la revolución egipcia y más de un año de votaciones populares en referéndum, las elecciones parlamentaria a ambas cámaras y las elecciones presidenciales de este fin de semana. Incluso el derrocado presidente nunca ejerció su derecho de veto con tal desprecio por la voluntad popular.

¿Es el CSFA el único que manda? Esto es lo que hay que preguntarse si Egipto quiere seguir avanzando a la vez por las vías de la revolución y la reconstrucción democrática. El proyectado traspaso de poderes el próximo 30 de junio del CSFA a las nuevas autoridades civiles será un ejercicio vacío de sentido.

¿CSFA o Constitución?

En los primeros debates sobre que hacer con la libertad recién conquistada después de la revolución del 25 de enero había tanto defensores como opositores de desarrollar la democracia comenzando primero por adopción de un marco constitucional o a través de elecciones parlamentarias. La cuestión fue zanjada en el referéndum constitucional del 19 de marzo de 2011. El número de votantes no coincidió con el compromiso revolucionario mostrado en los 18 días que culminaron triunfalmente con el final de la dinastía Mubarak. Votaron 18 millones de personas: 14 millones decidieron que “primero elecciones”.

Ambas posiciones tienen sus pros y sus contras. Pero nada tiene que ver con lo que es o debería ser el debate actual. Lo importante es que los procedimientos deben ser respetados. Hacer caso omiso de la decisión de los votantes equivale a socavar los procesos democráticos. Y más aun en países como Egipto y Túnez, donde la pretendida “democracia electoral” se amoldó, durante décadas, a los caprichos de unos gobernantes singulares.

Las enmiendas a la constitución interina son un insulto a la inteligencia del pueblo egipcio, a su revolución, su lucha y sacrificios. Se imponen en medio del recuento de votos de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en las que se enfrentaron Morsi y Shafiq. La oportunidad de la decisión del CSFA no sólo cierra el círculo del “golpe”, sino que también desafía la voluntad popular.

“Elecciones primero” o “constitución primero” es una decisión que ha dejado de tener sentido. Lo primero es el CSFA. Son los edictos del CSFA los que erosionan todas las conquistas electorales del pasado, así como las recientes elecciones presidenciales para decidir que civil presidirá Egipto a través de un proceso relativamente democrático, sin precedentes en Egipto y gran parte del mundo árabe. En consecuencia, el proceso democrático ha sido vaciada de todo significado y efecto para la futura transición por un acto equivocado: un golpe de estado en toda regla, excepto en su forma de ejecución.

Las enmiendas del CSFA

Las siete enmiendas publicadas en el Diario Oficial están redactadas en nombre del “interés nacional” y “los principios de la revolución”. Un lenguaje que intenta suavizar el impacto del golpe de estado cuasi-constitucional.

El quid de las modificaciones es que al presidente electo se le entregará una oficina carente de todo poder. Tanto Morsi como Shafiq – este último vilipendiado ya por millones de personas que lo ven como candidato de los generales – no han sido sino meros peones en un tablero de ajedrez diseñado por la cúpula militar.

Las enmiendas del CSFA están redactadas para ser aplicadas independientemente de quién gane: el islamista de 60 años de edad del Partido Libertad y Justicia o el ex piloto de combate de 70 años de edad.

Porque el objetivo de las enmiendas que los generales han escrito es la subordinación de la presidenta al mando militar. El presidente electo no asumirá de oficio la función de comandante supremo de las fuerzas armadas, por ejemplo. La enmienda número 53 asigna dicho papel – hasta el momento en que una nueva Constitución este en vigor – al presidente del CSFA.

La misma enmienda 53 (1) sobre la institución responsable de la declaración de guerra, es hurtada a todos los efectos al presidente. En ella se estipula que “el Presidente de la República declara la guerra tras aprobación del CSFA “. Tal vez la disposición tiene por objeto dar garantías a las grandes potencias en el caso de que un presidente islamista fuese elegido. La enmienda 53 (2), establece que el presidente puede ordenar a las fuerzas armadas que mantengan el orden público y protejan instalaciones vitales. Pero de nuevo, tras aprobación del CSFA.

En virtud de esta disposición – y hay que leer atentamente la “letra pequeña” – el poder de los oficiales militares (thabtiyyah) sobre los civiles en funciones de policía, usando la fuerza, se convierte en constitucional. Lo que se refiere no solo al decreto de emergencia del CSFA de la semana pasada, sino que también representa una amenaza velada a toda la oposición, que se anticipa a cualquier desafío a su autoridad y a las nuevas enmiendas a la declaración constitucional provisional de marzo.

Sin embargo, lo más importante de las enmiendas no son los estrictos límites impuestos a los poderes del presidente electo. Más grave aún es la ampliación de las competencias propias del CSFA en el marco constitucional.

En concreto, el artículo 60 faculta al CFSA a hacerse cargo de la Asamblea Constituyente (jam’iyyah ta’sisiyyah), en caso de que surja cualquier obstáculo que le impida concluir sus trabajos. En tal caso, el CSFA podrá en una semana constituir un nuevo órgano “representativo de todos los grupos sociales”. La disposición establece que el nuevo órgano deberá redactar la Constitución en un plazo de tres meses, después de lo cual se someterá a referéndum general en un plazo de dos semanas. Un mes más tarde, dice el artículo, se convocaran elecciones generales al parlamento.

El CSFA recoge así las propuestas de muchos liberales y laicos que defendían la opción de “constitución primero” (Al-dustur awwalan). Sin embargo, se hace ahora bajo la amenaza de un “golpe de estado” -el diablo está en los detalles – y es difícil que cuente con el apoyo de gente como El Baradei, entre otros.

A este ritmo, Egipto podría seguir sin la acción legislativa del parlamento durante meses. La Cámara Baja fue disuelta a finales de la semana pasada por el Tribunal Constitucional Supremo (TCS) a raíz de un recurso contra la ley de aislamiento político aprobada por el Parlamento en abril y ratificada por el propio CSFA.

Ello convierte asimismo al CSFA en un poder legislativo. Como resultado, el CSFA ocupa el vacío de poder que el mismo provoca o maquina, convirtiéndose en la instancia de justicia suprema. Hay que tener en cuenta, de acuerdo con el artículo 56, que el CSFA sustituye a la Asamblea Nacional disuelta hasta nuevas elecciones.

Por otra parte, el CSFA se asigna así mismo el papel de “árbitro moral”, en consorcio con otros, en la supervisión de la redacción de la constitución y su contenido. Esto es precisamente lo que el artículo 60 (1) hace, dando a los generales el poder de revisar el proyecto de la nueva Constitución, “si el presidente de la república o el presidente del CSFA o el primer ministro o el Consejo General del Poder Judicial, o una quinta parte de la Asamblea Constituyente consideran que el proyecto contiene una o varías cláusulas en contradicción con los objetivos de la revolución y sus principios básicos. ”

El CSFA parece estar consolidando su alianza con el Tribunal Constitucional Supremo, dándole la última palabra, en un plazo de siete días, en relación a las cláusulas impugnadas cuando la Asamblea Constituyente insista en su texto original.

¿El CSFA primero?

Esta es una pregunta con diversos significados. ¿Mubarak primero? ¿CSFA primero? Mubarak se ha ido. ¿Debe irse el CSFA? Es el pueblo de Egipto el que debe decidir.

Para retroceder en el tiempo, antes del derrocamiento de Mubarak, Egipto fue victima del arbitraje del poder: la intimidación, la persecución, la tortura, el encarcelamiento y el asesinato eran rutina. Los mártires de la revolución del 25 de enero fueron víctimas del apogeo de esta rutina deshumanizadora de un agónico régimen de Mubarak que luchaba por su supervivencia. Matones de uniforme y a lomo de camello arremetieron a golpe de cuchillo y látigo contra un pueblo egipcio puesto en pie contra el régimen en implacable desafío.

La revolución de Egipto ha hecho tres conquistas, que podría ser fatales para el CSFA.

En primer lugar, Egipto tiene ahora líderes de todos los colores políticos. El CSFA puede haber ignorado este detalle. Lo cierto es que, en los próximos días (y no habrá que esperar 18 días), el CSFA ni estará solo ni podrá hacer lo que quiera.

En segundo lugar, el miedo psicológico imbuido por el aparato de estado antes de la revolución, por la coerción y otros medios, se ha disipado como la neblina egipcia en las mañanas de invierno en las calles y plazas de la resistencia. Esa resistencia, donde el cansancio trasluce, podría volver a reanimarse y a llenar las plazas de Egipto una vez más acosando la displicente actitud del CSFA.

Por último, la integración de los islamistas en el proceso político es ya imparable, y con todas sus imperfecciones, proporciona un polo formidable y un baluarte contra el Estado profundo.

Hoy es posible que Egipto conozca el nombre de su primer presidente elegido democráticamente.

Mañana, ¿quién sabe? Un Egipto para todos sus ciudadanos, coptos y musulmanes, laicos e islamistas, hombres y mujeres – en el que el CSFA sea una mera nota al pie de página en el intervalo entre la dictadura y el buen gobierno.

Larbi Sadiki es profesor titular de política de Oriente Medio en la Universidad de Exeter y autor de Arab Democratization: Elections without Democracy (Oxford University Press, 2009) y The Search for Arab Democracy: Discourses and Counter-Discourses (Columbia University Press, 2004).

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Gustavo Buster

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