Syriza o el avance ejemplar de una experiencia unitaria única y original

Yorgos Mitralis, Viento Sur, 20 de mayo de 2012

Espantajo para “los de arriba”, esperanza para “los de abajo”, Syriza hace una entrada estrepitosa en la escena política de esta Europa en crisis profunda. Tras haber cuadriplicado su fuerza electoral el 6 de mayo, Syriza ambiciona ahora no solo convertirse en el primer partido de Grecia en las elecciones del 17 de junio sino, sobre todo, poder formar un gobierno de izquierdas que derogue las medidas de austeridad, repudie la deuda y eche a la Troika del país. No es por tanto una sorpresa que Syriza intrigue con fuerza más allá de Grecia y que prácticamente todo el mundo se interrogue sobre su origen y su verdadera naturaleza, sus objetivos y sus ambiciones.

Sin embargo, Syriza no es exactamente un recién llegado en la izquierda europea. Nacida en 2004, la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) habría debido atraer la atención de los politólogos y de los medios internacionales aunque solo fuera por que era, desde sus comienzos, una formación política totalmente inédita y original en el paisaje de la izquierda griega, europea e incluso mundial. Primero, a causa de su composición. Formada de la alianza de Synaspismos (Coalición), un partido reformista de izquierda de difuso origen eurocomunista con representación parlamentaria, con una docena de organizaciones de extrema izquierda, cubriendo casi todo el espectro del trotskismo, el ex-maoísmo y del “movimientismo”, la Coalición de la Izquierda Radical constituía ya en su nacimiento una excepción a la regla que quería -y continúa queriendo- que los partidos más o menos tradicionales a la izquierda de la socialdemocracia no se alíen jamás con las organizaciones de la extrema izquierda.

La originalidad de Syriza no se detiene ahí. Habiendo sido concebida como una alianza más bien coyuntural y electoral (fue fundada justo antes de las elecciones de 2004), Syriza ha resistido al tiempo y ha sabido sobrevivir a sus altos y bajos, a sus éxitos y sobre todo a sus crisis y sus fracasos, para convertirse en un ejemplo brillante de una realidad que la izquierda radical internacional tiene siempre dificultades para alcanzar: la convivencia de diferentes sensibilidades, corrientes e incluso organizaciones en una misma formación política de la izquierda radical Ocho años después del nacimiento de Syriza, la lección a sacar salta a la vista: sí, esta convivencia es no solo posible, sino que es también fructífera e incluso garante, a la larga, de grandes éxitos.

Pero, podríamos preguntarnos, ¿cómo esta docena de “componentes” tan diferentes de Syriza ha podido primero reunirse y luego ponerse de acuerdo para una tan larga y original conivivencia organizativa? La pregunta es pertinente y merece una respuesta detallada y en profundidad. No, el “milagro” de Syriza no ha caído del cielo, y no es debido a la casualidad. Ha madurado durante bastante tiempo y sobre todo, ha germinado en las mejores condiciones posibles, en los movimientos sociales y altermundialistas de estos últimos quince años.

Se podría decir que todo comenzó hace quince años, en 1997, con la constitución de la rama griega del movimiento de las Marchas Europeas contra el Paro. No solo se trataba del primer paso hacia lo que se llamó un poco más tarde el movimiento altermundialista de los Foros Sociales. Especialmente en Grecia, estas marchas tuvieron una función quizá aún más importante, la de hacer algo que era hasta entonces absolutamente impensable: unificar a la izquierda en la acción. Es así como gracias a las marchas europeas, se vio a sindicatos, movimientos sociales, partidos y organizaciones de la izquierda griega (incluyendo al KKE, al menos durante un cierto tiempo) que no se habían reunido jamás, o incluso que se ignoraban mutuamente, ponerse de acuerdo para participar en un movimiento europeo totalmente inédito, al lado de los sindicatos, de los movimientos sociales y de las corrientes políticas de otros países, algo hasta entonces totalmente desconocido en Grecia.

No es pues una casualidad que este primer golpe dado al sectarismo visceral que ha caracterizado siempre a la izquierda griega, diera lugar incluso a conmovedoras escenas de encuentros, cercanas a psicodramas, entre militantes que hasta entonces no se conocían unos a otros, y súbitamente descubrían que “el otro” no era tan diferente de ellos mismos. Manifiestamente, el asunto había cuajado tanto más en la medida en que los militantes griegos salían del país y descubrían una realidad militante europea de carne y hueso, cuya existencia no sospechaban anteriormente.

Reforzados por este primer acercamiento en la acción, que era tanto más sólido cuanto que se efectuaba en un movimiento social de un género nuevo, la mayor parte de las diferentes componentes políticas de las marchas griegas participaban, desde 1999 en una segunda experiencia original que intentaba profundizar su necesidad de unidad:el Espacio de Diálogo y de Acción Común que a la vez que profundizaba el necesario debate político y programático, preparaba a la gente para la próxima experiencia unitaria y movimientista: el Foro Social que iba a marcar profundamente la evolución de la izquierda griega.

Con la ayuda del enorme éxito popular del Foro Social, el paso hacia la constitución de la Coalición de la Izquierda Radical fue franqueado casi espontáneamente y con entusiasmo en 2003-2004. Los militantes de las componentes de Syriza que habían podido conocerse en las luchas, y que habían viajado y se habían manifestado juntos por miles en Amsterdam (1997) y Colonia (1999), Niza (2000) y Génova (2001), Florencia (2002), París (2003), etc., habían tenido tiempo para desarrollar entre si relaciones no solo políticas sino también humanas antes de llegar a la fundación de su Coalición de la Izquierda Radical. Una coalición que iba sin embargo a contracorriente de lo que ocurría en toda Europa, donde una alianza así entre un partido reformista de izquierdas y grupos de extrema izquierda era, sencillamente, impensable.

Sin embargo, tras un nacimiento más bien exitoso, la continuación de la aventura de Syriza estuvo lejos de ser siempre feliz, y en numerosas ocasiones ha estado incluso a punto de interrumpirse. Evidentemente, ha habido numerosas crisis de confianza entre el tronco de Syriza, constituido por Synaspismos, y sus socios de extrema izquierda, lo que fue más bien “lógico”. Pero con el paso del tiempo, la homogeneización de Syriza tuvo como efecto que las crisis -como por otra parte los debates- no solo atravesaban prácticamente a toda la coalición y a cada una de sus componentes, sino que se manifestaban sobre todo en … el interior de Synaspismos, donde eran tremendos los enfrentamientos entre sus tendencias en permanente recomposición.

Finalmente, Syriza ha encontrado una cierta paz interna solo tras la salida en 2010 del ala socialdemócrata de Synaspismos (que dio nacimiento a Izquierda Demócrata) y del alejamiento de su expresidente Alecos Alavanos que tras haber “entronizado” a su pupilo Alexis Tsipras se convirtió en su enemigo jurado. En adelante, la línea política de la Coalición era más clara (y más a la izquierda), mientras que su joven líder Alexis Tsipras afirmaba su autoridad y acumulaba los primeros éxitos que iban a dar a una Syriza cada vez más radicalizada la credibilidad necesaria para que pudiera beneficiarse de las circunstancias excepcionales creadas por la crisis de la deuda. Syriza estaba ahora dispuesta a asumir el papel de la formación política que podría encarnar mejor las esperanzas y los deseos de sectores enteros de la sociedad griega en revuelta contra las políticas de austeridad, la Troika, los partidos burgueses y el propio sistema capitalista.

La lección que hay que sacar de esta historia, casi ejemplar, es evidente: a fin de cuentas, se trata de un éxito que solo sectarios impenitentes (y en Grecia hay muchos) podrían negar. Sin embargo, la historia de Syriza está lejos de haberse terminado, y las cosas serias solo acaban de comenzar. En suma, el balance actual no puede ser sino provisional. Sin embargo, desgraciadamente habrá quien lo haga en nombre de los graves errores y de la “traición” de Syriza que espera impacientemente para poder decir por fin que…”ya lo había previsto”. No, ese balance, incluso provisional e inacabado debe ser hecho pues, debido a los tiempos (duros) que corren, no nos podemos permitir el lujo de no apropiarnos de las experiencias, de los éxitos y de los fracasos de otros en la izquierda radical europea.

Formación política con programa caracterizado permanentemente por una… indefinición artística, la Coalición de la Izquierda Radical ha oscilado casi siempre entre el reformismo de izquierdas y un anticapitalismo consecuente. Por otra parte, quizá haya sacado su fuerza de esta eterna oscilación. Sin embargo, hay que ser claros: lo que ha podido funcionar más bien positivamente en períodos “normales”, podría convertirse en un inconveniente o un boomerang en períodos de crisis aguda y de exacerbación del enfrentamiento de clase. En palabras más simples, Syriza, que acaba de conseguir magistralmente dar un gran paso adelante, se va a encontrar en el espacio de algunas semanas (!), transformada de pequeño partido minoritario en una izquierda griega ya minoritaria, en un partido dominante con aspiraciones gubernamentales. Y todo eso no en cualquier país, y no en cualquier período histórico, sino en esta Grecia “laboratorio” y caso/test para esta Europa de la austeridad en crisis de nervios…

El cambio de escala es tan abrupto que puede dar vértigo. Habiéndose convertido en un tiempo récord en espantajo de los grandes y esperanza de los pequeños y de los sin voz en Grecia e incluso en Europa, Syriza está llamada ahora a asumir tareas gigantescas y claramente históricas para las cuales no está preparada ni política ni organizativamente. Entonces, ¿qué hacer? La respuesta debe ser clara y categórica: sencillamente, ¡ayudar a Syriza! Por todos los medios. Y en primer lugar, no dejarla sola. Tanto en Grecia como en Europa. En palabras sencillas, hacer lo contrario de lo que hacen quienes no combinan sus críticas a Syriza con la solidaridad e incluso el apoyo a Syriza frente al enemigo de clase común. Apoyo, quizás crítico, pero… ¡apoyo! Y no mañana, sino hoy. Pues, más allá de las divergencias tácticas o de otro tipo, el combate que realiza actualmente Syriza es de hecho nuestro combate, el combate de todos nosotros. Y abstenerse de él equivale a no asistencia a alguien en peligro. O más bien, a poblaciones y países enteros en peligro

19/05/2012

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article25249

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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