Francia. ¡Bravo Poutou! Amenaza Le Pen. Votar a Hollande. Atolladero Mélenchon. ¿Futuro libertario?

Philippe Corcuff, Viento Sur, 4 de mayo de 2012

Este largo título de estilo telegráfico, en el momento de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2012, requiere algunas explicaciones y notas complementarias.

¡Bravo Philippe!

Philippe Poutou, candidato del Nuevo Partido Anticapitalista, ha llevado a cabo una hermosa campaña, cuyas jubilosas herejías no han empezado a ser reconocidas hasta última hora, teniendo por tanto poco peso en el resultado final:

— desfetichización del carácter oligárquico de la función presidencial a base de manejar la ironía y la auto-ironía libertarias; desde este punto de vista, ha sido el único candidato realmente anti-sistema;

— en un sentido más amplio, crítica en acto (tanto por su trayectoria como por su discurso) de la hegemonía de la profesionalización política sobre la política dominante de nuestros regímenes representativos profesionalizados tan poco “democráticos”, aunque plebiscitados en la práctica por la izquierda y la izquierda de la izquierda;

— crítica en acto, como obrero candidato, de la exclusión de las categorías populares del terreno de la política oficial; a estas categorías populares se les pide el voto pero se les deja fuera de los círculos más activos de la política (incluso en la izquierda y en la izquierda de la izquierda);

— portavoz de la dignidad popular frente al menosprecio social inducido inconscientemente (¡inconsciencia de clase!) por las élites (económicas, politicas, mediáticas, intelectuales, etc.) dominantes, incluyendo a la izquierda y a la izquierda de la izquierda1.

La campaña ha sido apoyada por la energía de Olivier Besancenot quien, por razones libertarias, había rechazado volver a ser candidato por tercera vez, aunque se cogió vacaciones para ayudar a su sucesor en la campaña oficial. Hay que subrayar la combatividad de los militantes del NPA que consiguieron reunir los 500 patrocinios, y la inventiva de quienes diseñaron los chocantes videoclips de la campaña televisiva2.

Esta campaña se ha desarrollado en condiciones difíciles, y el eco (a distinguir del resultado electoral) que ha suscitado en las dos últimas semanas es por tanto más notable: un nuevo candidato, poco acostumbrado a los medios de comunicación y durante mucho tiempo marginado por ellos3, una “crisis de dirección” del NPA y un reflujo militante4, y para acabar, una puñalada en la espalda por parte de antiguos dirigentes a favor de una adhesión mediatizada a la mélenchonada5. Si nos fijamos en algunas de las cabezas (la generación de las huelgas estudiantiles de 1986) que estuvieron en el origen de la zancadilla a Philippe Poutou, justo después del éxito en la tan incierta prueba de los patrocinios, habría que señalar que su ser militante se forjó inicialmente en las micro-burocracias del sindicalismo estudiantil llamado “de izquierda”. Esto corrobora una observación que vengo haciendo desde hace tiempo: los reflejos de aparatchiks y el espíritu politiquero que fermentan en las marmitas de este sindicalismo estudiantil tradicional han hecho mucho daño a la izquierda: del PS (donde los desgastes político-intelectuales son más flagrantes) al NPA, pasando por el PCF y el PG.

Por mi parte, me siento orgulloso de haber aportado mi grano de arena a la arquitectura de esta campaña, en particular participando en la edición del libro de Philippe Poutou, Un ouvrier, c’ est là pour fermer sa gueule! [¡Un obrero, mejor que cierre el pico!], como codirector junto a Lilian Mathieu de la colección Petite Encyclopédie Critique de las ediciones Textuel6.

Hay que señalar en todo caso que el resultado obtenido, en comparación con los otros resultados (tanto el de Jean-Luc Mélenchon, a la izquierda del PS, como la amenaza representada por Marine Le Pen en la extrema derecha) ofrece a un NPA en crisis pocas posibilidades de reflotar en los próximos meses, si no años. El “optimismo de la voluntad” no debe nublar, en el momento del análisis, el “pesimismo de la inteligencia”.

La amenaza Le Pen: cuestión social renovada contra división nacional-racial

La división nacional-racial (haciendo de la categorización “francés”/”extranjero” –no sólo en sentido jurídico sino también étnico– la división principal) defendida por el Frente Nacional en detrimento de la cuestión social (centrada en el reparto de las riquezas) se ha vuelto a convertir en una amenaza política7. La asociación de los temas de la inmigración y de la seguridad, recuperada durante un tiempo de forma electoralista por el sarkozysmo, ha vuelto a beneficiar al FN, germinando en el mantillo de las decepciones ante los efectos sociales de las políticas ultra- y social-liberales llevadas a cabo, sucesivamente desde 1983, por la izquierda y por la derecha. La inteligencia política propia del lepenismo, versión Marine, ha consistido en arrimar estos temas a preocupaciones sociales, haciendo de la cuestión nacional el punto obligado de paso para la cuestión social. Esto en un contexto en que el FN se ha “republicanizado” y “laicizado”, en los discursos de Marine Le Pen y entre algunos comentaristas, lo que además ha facilitado el nuevo lugar dado a la islamofobia.

La política social-liberal del probable vencedor, François Hollande, en un contexto de crisis del capitalismo que amenaza con atizar aún más las decepciones de las expectativas sociales entre las capas populares y medias de la clase asalariada, podría beneficiar a Marine Le Pen en la próxima alternancia; el FN podría mejorar aún más su look, cambiando de nombre y aliándose con los restos de derecha de una UMP estallada.

¿Cómo contrarrestar esta tendencia? Haría falta que la cuestión social vuelva a tener prioridad sobre la división nacional-racial a través de los movimientos sociales, el sindicalismo, el movimiento asociativo, la afluencia de intervenciones artísticas, culturales e intelectuales, experimentos sociales y organizaciones políticas. Pero haría falta redefinir la cuestión social, que al doble tratamiento clásico de la división capital/trabajo y de la precarización contemporánea, se añadan las discriminaciones en interacción con el capitalismo pero irreductibles a él, como son las discriminaciones de género o “post-coloniales” (que afectan sistemáticamente –en la escuela, en la vivienda, en el trabajo, a causa de la religión, etc.– a la población procedente de la inmigración de los antiguos paises colonizados). Y una cuestión social que no se centre únicamente en las riquezas económicas, sino que integre también otros tipos de recursos muy desigualmente distribuidos, como son los recursos culturales, políticos o el reconocimiento personal. En particular, para poder crear nuevas convergencias en el seno de la clase asalariada entre proletarios “blancos” y proletarios procedentes de la inmigración, habría que evitar agitar una versión tradicional de la cuestión social, en contra del reconocimiento de las discriminaciones, sino enriquecer la cuestión social con la toma en consideración de las discriminaciones.

Por parte de las organizaciones políticas, el Frente de Izquierda aparece, tanto electoralmente como por las fuerzas militantes, como el mejor colocado para hacer fracasar una alternancia Marine en cinco años. Comprendo que, en esta perspectiva, algunos militantes hagan la apuesta razonada por el Frente de Izquierda contra el FN. Pero me temo que esta valoración sea errónea, vistas las inclinaciones républicards, laïcards y cocardiers [“republicard”: término despectivo derivado de “republicaine”; “laïcard:” término despectivo derivado de “laïque”; no encontramos una buena traducción al castellano, que sí existe para otro término de origen similar: “politicard”, politiquero. “Cocardier” puede traducirse por patriotero y así lo haremos en adelante] que ha escenificado la campaña Mélenchon 8:

— “republicard” (en oposición a una República de la diversidad), que unifica y centraliza tendiendo a despreciar las discriminaciones; los combates contra las discriminaciones son asimilados a “amenazas comunitaristas” ampliamente fantaseadas;

— “laïcard” (en oposición a una laicidad intercultural), que ha ayudado en el último período sobre todo a alimentar la demonización del islam;

— patriotero, que ha contribuido a hacer del referente “nacional” el marco político principal durante esta campaña, desplazando el reparto de las riquezas a una cuestión dependiente.

Desde luego, con una extrema derecha que se transforma y adquiere una audiencia de masas, tampoco hay mucho que sacar del folklore antifascista que lustra tanto los egos en medios izquierdistas.

En resumen, habría que esperar las resistencias sobre todo por parte de los movimientos sociales, del sindicalismo, etc., con todos los temores sobre cierta falta de preparación…

Votar a François Hollande, sin vacilaciones ni ilusiones : el sarkozysmo como hastío

Históricamente, la política de lo peor no ha conducido a los esperados levantamientos sociales, pero en cambio ha creado dificultades añadidas en el camino de las fuerzas radicalmente emancipadoras. Es cierto que entre las políticas económicas y sociales encarnadas por Nicolas Sarkozy y François Hollande sólo hay pequeñas diferencias, matices más o menos sociales en la galaxia del neoliberalismo económico. Sin embargo, el sarkozysmo ha traspasado en algunos terrenos una linea roja ética, lo que no permite recurrir al “tanto monta, monta tanto”: ha usado la xenofobia, electoralmente y en las políticas públicas, contribuyendo a legitimarla, y ha desconsiderado un poco más la actividad política en sí, erigiendo el cinismo politico en nueva norma9. Esto ha tenido consecuencias políticas, tanto en la puesta en práctica de una xenofobia de Estado como en las nuevas posibilidades legadas a una extrema derecha maquillada para lograr la alternancia dentro de cinco años. El hastío ha crecido en la segunda vuelta, cuando el candidato presidente está haciendo fuego, de forma siniestra, con toda la madera que encuentra. Ninguna vacilación, por tanto, en votar a François Hollande el 6 de mayo.

Si el voto, como pienso hoy día, en el marco de nuestros regímenes representativos profesionalizados, sólo es, en el mejor de los casos, un elemento secundario dentro de una lógica radical de emancipación individual y colectiva (lo cual invalida la estrategia de “la revolución por las urnas” de la mélenchoneria), ¿por qué se da tanta importancia, en los medios radicales, a este pequeño voto de consecuencias tan extremadamente limitadas? Esta pequeña cosa no sirve, en mi opinión, más que para alimentar una frontera simbólica que no constituye una adhesión. Una vez elegido François Hollande, se volverá un adversario político “normal” (a diferencia de Marine Le Pen y de Nicolas Sarkozy)… ¡Marcar una diferencia entre Hollande y Sarkozy no implica necesariamente tener ilusiones en el electo de Corrèze [Hollande es alcalde de Tulle, en el departamento de Corrèze]!

¿Existirá algún día el NPA? No es seguro…

Desde julio de 2011, mantengo la hipótesis de que el NPA todavía no ha nacido10. El NPA en el sentido del proyecto NPA, sintetizado de esta manera en sus “principios fundadores”:

“Queremos que el NPA haga vivir lo mejor de la herencia de aquellas y aquellos que se han enfrentado al sistema desde hace dos siglos, de la lucha de clases, de las tradiciones socialistas, comunistas, libertarias, revolucionarias.Un partido heredero de las luchas democráticas y antifascistas. Un partido que conserva la memoria de los combates contra las desviaciones autoritarias y burocráticas que han empañado las esperanzas emancipadoras. Un partido que se alimenta del feminismo, del anticolonialismo, del antirracismo y de las luchas contra todas las discriminaciones. Un partido que dé una tonalidad claramente anticapitalista a la ecología política radical y una tonalidad claramente ecologista al anticapitalismo. Un partido preocupado por las aspiraciones individuales al reconocimiento y a la creatividad frente a la uniformización mercantil de la vida cotidiana”.

El proyecto NPA consistía entonces en encontrar las vías para un nuevo tipo de organización, inventando prácticas militantes renovadas, ajustadas a la perspectiva de autoemancipación de los oprimidos. La búsqueda de una forma política renovada, con una mano en las instituciones existentes (por ello la participación en las elecciones) y dos pies y la otra mano en un distanciamiento de la política institucional tradicional (movimientos sociales, prácticas militantes radicales, experiencias alternativas y pensamientos críticos, sobre todo).

Poco de todo esto ha comenzado siquiera a concretarse. Las “cumbres” del NPA se han dividido entre dos polos principales: un polo cada vez más absorbido por la política institucional y profesional representada por el Frente de Izquierda (lo que hoy día se llama la “Izquierda Anticapitalista”, (GA) y un polo que defiende una visión vanguardista y sustitutista de la política, inspirada en una lectura tradicional del bolchevismo (lo que se llama la “P2”: su texto presentado en el congreso de febrero de 2011 atribuía por ejemplo un “papel dirigente” al partido de las luchas, viejo espejismo autoritario abandonado hace mucho tiempo por la LCR). Son dos maneras de alejarse de la lógica de la autoemancipación de los oprimidos, convirtiendo la construcción de una forma de organización adaptada a esta exigencia en un callejón sin salida. En cuanto al “centro” de estas “cumbres” del NPA (lo que se llama la “P1A”), casi no ha manifestado una orientación propia, oscilando entre la GA y la P2. Entre los pocos en expresar una nueva forma de hacer política: Olivier Besancenot y Philippe Poutou (que no forma parte de la dirección del NPA).

¿Y “la base”? No ha dado muchas pruebas de inventiva y de experimentaciones en las prácticas militantes y, perdiendo poco a poco sustancia con los sucesivos abandonos (lo más a menudo, de puntillas), no ha intentado contrarrestar masivamente las lógicas autodestructivas de las “cumbres”. En cuanto al sector intelectual que había sido legado al NPA, muy en particular gracias a los esfuerzos del añorado Daniel Bensaïd (con las revistas en papel y web Contretemps y la Sociedad Louise Michel), se ha alejado mucho del NPA, cuyas “cumbres” se interesan cada vez menos en cuestiones intelectuales.

¿Podrá nacer por tanto, en un plazo razonable, el proyecto NPA partiendo del “NPA realmente existente”, y aún contando con la hermosa campaña de Philippe Poutou? Por mi parte y por ahora, soy bastante pesimista, pero los próximos meses nos lo dirán mejor… ¿Podrá nacer el proyecto NPA, en los próximos años, a través de otros cuadros organizadores, distintos del “NPA realmente existente”? No hay en ello ninguna necesidad o vía única. En cualquier caso, el Frente de Izquierda, tal como ha aparecido durante la campaña de Jean-Luc Mélenchon, parece el exacto opuesto de dicho proyecto…

Mélenchon como regresión y callejón sin salida para la izquierda de la izquierda

No voy a insistir demasiado en el atolladero Mélenchon, del que ya he hablado en este blog. Para inscribirse en una lógica emancipadora orientada hacia la investigación y la acción, más vale evitar atarse demasiado a lo que se critica, bajo pena de ser tomados involuntariamente como resentidos con acritud. Recordaré sólo una serie de regresiones llevadas a cabo por la campaña Mélenchon en el seno de la izquierda de la izquierda:

— regresión hacia la doble fetichización de la profesionalización política y del “hombre providencial”, respecto a la crítica democrática y libertaria de los regímenes representativos profesionalizados; con la paradoja de que esta regresión se proclama con una expresión contraria a su lógica: “revolución ciudadana”;

— regresión patriotera respecto a la perspectiva altermundialista;

— regresión laïcarde respecto a una laicidad intercultural;

— regresión républicarde respecto a una República de la diversidad;

— visión tendencialmente tradicional y economicista de la cuestión social;

— visión estatista de la transformación social;

— pobreza intelectual respecto al estado de los pensamientos críticos contemporáneos.

El eco electoral, relativo pero sustancial, de esta candidatura, corre el riesgo de arrastrar a amplios sectores militantes a la izquierda del PS a las intrigas que asocian a un gran aparato (el PCF) y múltiples micro-aparatos. La izquierda de la izquierda podría quedar en gran medida esterilizada dentro de un magma político durante una o dos citas presidenciales.

¿Un frágil futuro para el anarquismo en la galaxia anticapitalista y altermundialista?

El pensamiento y las prácticas anarquistas están muy marginalizadas en la izquierda, en Francia y en otros sitios, aunque renace sin embargo en los movimientos sociales algo así como un humor libertario. Frente a los fracasos en los últimos dos siglos de un anticapitalismo emancipador, la fibra anarquista guarda en sus alforjas algunos ejes esenciales:

— la crítica de los mecanismos de delegación y de representación políticas como portadores de concentración de poder;

— la crítica del estatismo como forma de opresión, con el desafío de construir instituciones públicas (proveedoras de referencias y de protecciones para los individuos y para los grupos) que no sean un Estado (en el sentido de una lógica de integración jerárquica de las instituciones públicas de un modo piramidal);

— la exigencia de una forma de organización política adaptada a la perspectiva de autoemancipación, individual y colectiva, de los oprimidos;

— la asociación del principio de solidaridad con el principio de individualidad, contra el rodillo compresor del software “colectivista” que hegemoniza a las izquierdas, marginando al individuo en beneficio del todo colectivo.

Desde ese punto de vista, la Federación Anarquista, en sus modos de organización (el principio federativo de inspiración proudhoniana, entendido como una cooperación organizada de individualidades y grupos) y en su pensamiento (la propia familia anarquista es quien mejor resiste el peso del software “colectivista”), constituye un ejemplo, aunque sólo un pequeño ejemplo (algunos centenares de miembros).

Uno de los retos políticos e intelectuales en las izquierdas radicales de hoy día sería por tanto dar más espacio a su pulmón anarquista (demasiado raquítico), en diálogo con los usos heréticos de Marx, así como con las elaboraciones actuales de los movimientos sociales y las aportaciones contemporáneas de las ciencias sociales y de la filosofía. Mi incertidumbre es saber si, en las actuales condiciones difíciles y regresivas para un anticapitalismo emancipador, esto puede hacerse en una organización no anarquista aunque reconozca una componente libertaria (como el NPA), o si esto requiere ante todo una “acumulación primitiva” de fuerzas de manera anarquistamente independiente. En uno u otro caso, sería importante demostrar, como cantaba melancólicamente Léo Ferré, que “No son ni el uno por ciento y sin embargo existen…” (Les anarchistes, 1967).

Una urgencia de larga duración: salir de la pobreza intelectual de las izquierdas

En el momento en que la blanda izquierda hollandiana tiene grandes posibilidades de llegar al poder y que la izquierda de la izquierda mélenchonizada ha conseguido un resultado honorable, podría decirse paradójicamente que las izquierdas políticas se encuentran intelectualmente en las últimas. La izquierda oficial está desde hace mucho tiempo tecnocratizada y desintelectualizada, llegando a veces a complacerse en un anti-intelectualismo explícito. La izquierda de la izquierda aparece por su parte muy orgullosa de su “inteligencia crítica”, aunque esto podría no ser más que una simple engañifa que apenas oculta la desvalorización de los recursos intelectuales en el hemisferio izquierdo de la política.

Así, las izquierdas críticas se contentan muchas veces con una vaga sopa indigesta que podría denominarse “pensamiento Le Monde-Diplo” (dejo aparte los momentos en que esta revista mensual ha publicado y publica a las figuras del pensamiento crítico, como Pierre Bourdieu o Cornelius Castoriadis): un vago discurso hecho de automatismos sobre el malvado “neoliberalismo” con algunas gotas de rancio marxismo economicista asociado a una denuncia del “complot” de los malvados medios de comunicación que “alienan” al conjunto de las masas (¡salvo al que sostiene el discurso sobre la “alienación” de los otros!); todo ello rebozado con una denuncia del malvado “individualismo” en nombre de los “valores colectivos” y abundantemente sazonado con una retórica de la deploración generalizada. En resumen, ¡sentirse “inteligente” y “crítico” economizando al máximo los esfuerzos intelectuales!

Sin embargo, la misma noción de “izquierda” ha estado históricamente asociada a la actividad intelectual: de las “Luces” del siglo XVIII a los Sartre, Merleau-Ponty, Castoriadis, Bourdieu… pasando por el caso Dreyfus. Volverse a interrogar por los “software” de la crítica social y de la emancipación, esto es, los propios modos de formular los problemas, ha sido demasiado tiempo rechazado en nombre de las urgencias del momento (electorales, sociales, organizativas, etc.), sin que ello haya servido de ayuda para tratar estas urgencias. Ya es el momento de reunir a militantes, ciudadanos críticos y profesionales del trabajo intelectual para pensar radicalmente a la izquierda en un marco organizativo pluralista, a buena distancia de las organizaciones (ni demasiado cerca, ni demasiado lejos).

“No sucumbáis a la desesperación: no cumple sus promesas” (Stanislaw Jerzy Lew, Nouvelles pensées échevelées, 1964).

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1. Ver Philippe Corcuff y Lilian Mathieu, “Du mépris de classe et de caste en politique“ [Sobre el desprecio de clase y de casta en política. VIENTO SUR nº 121. marzo 2012], Le Monde.fr, 29/02/2012.

2. Ver los diez videoclips de la campaña oficial de Philippe Poutou en Dailymotion.

3. Ver Philippe Corcuff, “De l’arrogance médiatique: Pulvar face à l’ouvrier Poutou chez Ruquier“ [Sobre la arrogancia mediática : Pulvar frente al obrero Poutou, en Ruquier], Mediapart, 28/02/2012.

4. Ver Pierre Rousset, “Notes sur la crise de fondation du NPA“ [Notas sobra la crisis de fundación del NPA], en Europe Solidaire Sans Frontières, 22/07/2011.

5. Ver Philippe Corcuff, Lilian Mathieu y Willy Pelletier, “Quand trois dirigeants de NPA nos roulent dans la mélenchonade…“ [Cuando tres dirigentes del NPA nos empujan a la mélenchonada…], Mediapart, 26/03/2012.

6. Ver Philippe Corcuff, “Du mépris social ‘a la dignité populaire: un syndicaliste en politique“ [Del desprecio social a la dignidad popular: un sindicalista en política], Petite Encyclopédie Critique, Mediapart, 9/03/2012.

7. Para un esbozo de sociología política de la extrema derecha en Francia, inspirado en el enfoque en términos de “luchas de clasificaciones sociales” iniciado por Pierre Bourdieu, a través de la competición simbólica en el espacio político entre una “división nacional-racial” y una “división de la justicia social”, ver Philippe Corcuff, “Clivage national-racial contre question sociale. Un cadre d’analyse socio-politique pour interpréter les progrès de l’extrême droite en France“ [División nacional-racial contra cuestión social. Un marco de análisis sociopolítico para interpretar los progresos de la extrema derecha en Francia], revista Contre Temps (1ª serie, ediciones Textuel), nº 8, setiembre 2003; ver en internet el nº 8 en archivo.

8. Sobre la crítica del republicanismo, laicismo y chovinismo durante la campaña presidencial, ver Philippe Corcuff, “Nous sommes tous des juifs musulmans laïcs!” [¡Todos somos judíos musulmanes laicos!], Liberation.fr, 26/03/2012.

9. Ver Philippe Corcuff, “Du degoût vis-à-vis du sarkozysme et des réponses politiques“ [Sobre el disgusto ante el sarkozysmo y las respuestas políticas], Mediapart, 17/12/2009.

10. Ver Philippe Corcuff, “Le NPA n’est pas encore né! Quelques pistes sur la situation difficile (mais pas désespérée) du NPA après la Conférence nationale de juin 2011“ [El NPA no ha nacido todavía. Algunas pistas sobre la situación difícil (aunque todavía no desesperada) del NPA después de la Conferencia Nacional de junio de 2011], Europe Solidaire Sans Frontières, 14/07/2011.

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