Occupy Wall Street debe ocupar Wall Street

Michael Moore, The Nation, March 15, 2012

Occupy Wall Street: ¿qué otro movimiento político contemporáneo ha sabido ganarse la simpatía y/o el apoyo de la mayoría de los estadounidenses en menos de dos meses? ¿Cómo fue esto posible? Creo que esta revuelta fue gestándose poco a poco a lo largo y lo ancho de Estados Unidos a partir del día en que Reagan echó a los controladores aéreos (NOTA DEL EDITOR: El 5 de agosto de 1981, el presidente Ronald Reagan ordenó despedir a 11,345 controladores aéreos en huelga que se negaron a retomar sus tareas. De alguna manera, este episodio marcó el comienzo de las Reaganomics, la política de desregulaciones pro-mercado de Reagan). Esa gestación silenciosa culminó el 17 de septiembre de 2011, cuando un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, decidió pasar a la acción directa.

Esto, sin duda, tocó un nervio y generó una onda expansiva a través de todo el país. Lo que esos chicos estaban haciendo era lo que decenas de millones de personas hubieran querido hacer. Personas que habían perdido sus trabajos, sus casas, su “sueño americano”. Esos millones hicieron catarsis alentando con entusiasmo al montón de insolentes que se plantó en Wall Street para gritar: “¡De acá no nos vamos hasta que nos devuelvan nuestro país!”

Gracias a que no crearon una organización formal y jerárquica con reglas, cotizaciones, estructuras, líderes carismáticos y voceros oficiales –todas esas cosas que sus padres les dijeron que debían hacer si querían lograr algún cambio–, esos jóvenes abrieron un espacio dentro de cual la gente pudo sentirse parte de una rebelión por el simple hecho de apoyarla. ¿Quieren ocupar el banco local? ¡Adelante! ¿Quieren ocupar la junta de trustees de la universidad? ¡Hecho! ¿Quieren ocupar Oakland, Cincinnati, Grass Valley? ¡Fantástico! Este es su movimiento, pueden hacer con él lo que ustedes quieran.

En el pasado, cuando uno quería lanzar un nuevo movimiento, primero tenía que educar al público acerca de los problemas que buscaba resolver, y después debía persuadir a la gente de unirse a la Causa. Transformar a Estados Unidos en una nación no-racista, pacífica y libre de prejuicios sexistas u homofóbicos ha llevado años – y todavía queda mucho por hacer. Pero el movimiento Occupy no tuvo que hacer ningún esfuerzo para convencernos de que Wall Street está dominada por la codicia, que a los bancos lo único que les importa son los bancos, o que las grandes corporaciones quieren esquilmar a los trabajadores. Cualquiera entiende esto, aún quienes se oponen a Occupy Wall Street. La parte más difícil de cualquier movimiento joven– la construcción de una mayoría—ha sido lograda. La gente está con nosotros. ¿Y ahora qué?

Primero lo que no hay que hacer. Occupy Wall Street no debe convertirse en una organización burocrática más, con cargos y estructuras jerárquicas; eso la destruiría. Los baby boomers que crecieron dentro de ese tipo de organizaciones tienen que calmarse un poco y no tratar de encorsetar al movimiento dentro del viejo paradigma de “mandemos alguien al Congreso y después hagamos lobby para que apruebe las leyes que queremos ”. Dejemos que Occupy Wall Street siga su camino. Sin duda, los candidatos a cargos públicos que necesitamos están dentro del movimiento (¿Eres tú uno de ellos? ¿Porqué no? Alguien tiene que ser, y lo mejor es que seas tú), y las leyes que hacen falta para que este país sea más justo llegarán a su debido tiempo. No digo décadas: algunas leyes se aprobarán este mismo año. El principal candidato a representante por mi distrito de Flint, Michigan, se ha comprometido a luchar, una vez electo, para extirpar el dinero de la política. Otros candidatos han seguido su ejemplo. Tenemos que votar por ellos y después asegurarnos que cumplan su palabra.

Occupy tiene que continuar su marcha como un movimiento decidido y frontal que ocupe bancos, casas matrices, juntas de directorio, campus universitarios y la mismísima Wall Street. Tenemos que montar asaltos no-violentos sobre Wall Street todas las semanas –incluso todos los días. Ustedes no se hacen una idea de cuánta gente estaría dispuesta a viajar a Nueva York desde todos los puntos del país para participar en ola tras ola de arrestos masivos cada vez que ellos/nosotros intentemos bajarle la persiana a esa maquinaria asesina y ladrona que es Wall Street. Cada año mueren 45,000 personas por no tener seguro de salud. ¿No creen ustedes que hay parientes, amigos, vecinos, miembros de la comunidad de dichas personas que están indignados por eso? ¿Y qué decir de los 4 millones de compatriotas que debieron entregarle su casa a los bancos? Creo que no nos costaría mucho trabajo juntar a algunos de ellos para que vengan a reclamar el cierre de Wall Street.

En cada pueblo y ciudad de Estados Unidos hay que hacer lo mismo. Hay que ocupar el frente de las casas entregadas a nuevos dueños luego que los dueños originales fueran echados por no poder pagar su hipoteca. Hay que impedir, por métodos no-violentos, que los bancos que liquidaron esas propiedades dejen a esa gente en la calle. Cuando alguien no pueda conseguir el tratamiento médico que necesita, sus vecinos deben ocupar el hospital o el lobby de la compañía aseguradora. Cuando una universidad aumente la cuota de sus estudiantes por enésima vez, los estudiantes deben ocupar la administración de la universidad hasta que la junta de trustees dé marcha atrás.
Es importante, sin embargo, recordar lo obvio: el objetivo de Occupy Wall Street es ocupar Wall Street. Los demás “Occupy” que surgieron solidariamente por todo el país pueden atacan los tentáculos y los síntomas de la bestia, pero la cabeza del monstruo debe ser cortada en su guarida. Esa guarida está en el bajo Manhattan, el lugar en donde el movimiento nació, y en donde debe continuar existiendo.

Nuestros jóvenes –el corazón y el alma de este movimiento—nos han visto durante años golpearnos la cabeza contra las paredes del poder, marchar una y otra vez a Washington, mandar cheques a grupos ambientalistas, hacernos vegetarianos, etc. Lo que han sacado en limpio de todo eso es que ellos serán la primera generación que estará peor que la de sus padres. Todavía nos quieren (lo cual es notable, considerando el desastroso mundo que les dejamos en herencia), pero han tomado un camino distinto al nuestro. No saben adónde los llevará ese camino, pero ésa es precisamente la belleza de Occupy Wall Street. Los millones de individuos que quieren ser parte de esta aventura saben que no tienen alternativa: son más que los hombres de Wall Street que hoy están ocupando Estados Unidos. Saben, por lo tanto, que los espera la victoria.

Traducción al español por Claudio Iván Remeseira.

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